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Voltei carnaval

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La primera vez que conocí de frente un carnaval hundido en los sustratos de la tierra por la que caminaba, con mi mochila jipi a cuestas, fue en Jujuy, al norte de Argentina, al sur del continente. Como siempre, llegué al carnaval de puro chiripazo. Haciendo dedo, conocí a un hombre muy simpático que me preguntó si estaba viajando por el carnaval, qué carnaval, le dije yo, el carnaval de Tilcara!  me dijo un poco perplejo por mi evidente desconocimiento. Me contó que era una carnaval muy lindo, muy grande, que venía gente de todo el mundo a verlo. Yo pensé: "fiesta" y no me llamó mucho la atención...hasta que me contó de los diablos   El carnaval empieza con el desentierro del diablo. La comparsa va a buscarlo y bajan con él sobre los hombros. Mientras van por la ladera del cerro, tocan flautas, cajas y bombos. No necesitaba más detalles. Me atrapó totalmente esa imagen potente y tomé la decisión en ese mismo segundo. Me bajé del auto en Tilcara. Después de unos días de turis...

Noviembre, danza pa siempre

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Mi llegada al territorio fue efusiva: llena de emoción al ver por fin la Bahia, ansiedad porque las audiciones estaban ya realmente cerca y una sed descomunal por bailar, bailar, bailar. Ese mes y medio de gracia que tuve antes del proceso selectivo para entrar en la FUNCEB fue un remolino de terminar de escribir el libro -mi trabajo oficial-, buscar casa para vivir, sortear espacios incómodos, situaciones liminales, intenciones de estafa, todo eso atravesado por una sobredosis de cultura directo a la vena. Llegué un domingo por la noche. El lunes ya estaba asistiendo como estudiante regular a los cursos libres de la FUNCEB. Me inscribí en: dancehall, afrobeat, danza afrocontemporánea, danza contemporánea y método griot. Nunca había tomado clases de afrobeat ¡Me encantó! Además de esas clases, estuve yendo a todas las que podía: unas que encontraba de casualidad -como las de danza contemporánea en el MAM-, otras que seguía desde Chile -como el seminario con Vera Passos- y otras que sur...

Salvador

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Salvador, Bahía, boca de mar, acuarela de pieles, rezos, danzas y toques. Hasta ti llegué por la necesidad de mi vientre: el cuerpo en movimiento. Motor que hace volar mis pies miles de kilómetros y que mece mis brazos en primavera dibujando trazos efímeros en el aire. No importa lo que pase, decía Pina, pero ¡bailar, bailar bailar! Hundirme hasta la médula en esa respiración del Universo que no para; ser eco, reverberación orgánica de esa inevitable vibración. Eso me trajo hasta acá. Y me despierta de noche, y me levanta de día. Humedece mis ojos cada tanto y siempre me dibuja en los labios súbitas, eternas, sonrisas. El ritual sagrado, la bailarina que escondo, que sale cada tanto, que no tiene la menor duda de su voluntad ¿La voluntad? Disposición-de-ser-en-la-danza. Dentro de ella, a su través, movida por ella. Y el mar, igual de paciente y generoso que la danza, me espera. El gran maestro de olas de luna, de marejadas discontinuas, de sol y sal. Nada cambiará en él hasta volver a ...

Até

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Los últimos días que compartí con Isra, mi amigo cletero fluminense flamenguista paranaense, los pasamos en casa de Lázara. La historia fue así:  La noche anterior paramos en un puente unos kilómetros antes de Teresina. Bajamos al río a buscar lugar para acampar. Era de noche, la bajada empinada, un desnivel considerable en la rivera...pero Isra, del lado del frente, me dijo que era posible armar allá las carpas. Yo ya había encontrado un huequito en ese lado, así que decidí quedarme ahí. Armé la carpa rápido y empecé a bajar mis cosas. Isra volvió del otro lado del río y me dijo:  - ¡¿Ya armaste tu carpa?! Creo que yo voy a seguir hasta la ciudad. - Y al otro lado del puente, ¿qué? ¿No está bueno?  - No mucho... En fin; se fue y yo me quedé. Por eso, al día siguiente, llegué sola a la ciudad. La noche anterior había dividido mi agua con Isra, que había terminado la suya en el camino. Así que los últimos kilómetros hasta Teresina, de día, con sol, subidas y si...

Estrada de chão

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Estrada de chão se llama en Brasil a los caminos de tierra. "Muito chão" dicen, también, cuando ha sido larga la caminada...o "chão pa caramba!", cuando queda todavía mucho para recorrer. El peor escenario para una ciclista y su bici: camino de tierra. Eso pensaba, al menos, antes de hacer esos 75 km de atajo. Saliendo casi del taller, con plato y cadena recién puestas, dejé atrás el asfalto muy a mi pesar. El minutero bordeaba el atardecer cuando me sumergí en ese cerro atestado de pendientes. La luna, que todavía estaba casi redonda aunque ya menguante en su metamorfosis incesante, se escondía detrás de los cerros dejándome ver el cielo inundado de estrellas. La primera noche la pasé al costado del camino. Siempre hay un poco de ritual, un poco de locura, un poco de miedo. Todo el mundo hablando de la onza y yo puro queriendo verla... A la mañana siguiente descubrí que unos 80 metros pasado mi refugio, había un curso de agua corriendo con u...

Boquila trifoliata

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En los bosques templados de los pies del mundo, una enredadera juega a ser camaleón mimetizando sus colores y formas. La enredadera se pierde en el mar verde selvático austral; los científicos tratan de entenderla; periodistas escriben las hipótesis de los científicos; yo leo el artículo colgando de dos pilares; en ngulumapu, una exposición de cestos tejidos con la fibra de la enredadera. ¿Soy tal vez un poco enredadera? ¿Me enredo y me pierdo, jugando a ser camaleón en este universo de sucesos sin tiempo? ¿O es, quizás, el mundo que se me acopla en el movimiento sincopado de mis pies al viento? Eterno vaivén de incertidumbres y posibilidades infinitas. Casi me atrapan nuevamente los encantos del ecosistema en el que me inmiscuyo, en procesos ascendentes de adaptación frenética, fugaz, confusa. Eran pasado las 17:00 cuando dejó de sonar la guitarra. Daniel y Enrique: el blues, el rock y la ciranda, todo dio paso al silencio para que el silencio diera paso a nuestra partida....

Chapada dos Veadeiros

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¡¡Nos volvimos a encontrar con mi amigo carioca!! El Isra. El día que nos encontramos, partimos a explorar la Chapada. Ese primer día hicimos el sendero rojo, "a trilha vermelha", que era de unos cañones lindos, con cascadas todos, con calor mucho, con emoción palpitante, piernas vibrantes en el agua, potencia de las caídas reverberantes, espejismos en las rocas. Al día siguiente, hicimos una caminata más gratis: fuimos con Iori y Lilith al río. Llegamos a un pozón en medio del bosque. Todo era medio privado, medio a mano y sin permiso. Iori y Lilith fueron nuestrxs máximxs amigues durante esos días en el pueblo. Gente muy real, muy sincera, muy lúcida de verdades necesarias. Poco antes de partir de vuelta -después de unos miles de días en el poblado-, Lilith me leyó las cartas. La rueda de la fortuna, el diablo y la muerte. Eso salió. Su lectura acompañó mi tránsito por este proceso de crisálida, de transmutación en lo más profundo de mis ...

La memoria de nuestra piel

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 Caminos curvos,  cuencas cóncavas,  cuevas convexas  de dimensiones oscilantes. Ruta pedregosa  que guarda los senderos de mis decisiones. Esquivo, como en el mar de luna llena, los recovecos que no me fortalecen.  Entre olas y sobre las paredes frágiles del caracol que guarda mis recuerdos, me deslizo sempiterna, existiendo en existencia, siendo naturaleza en la naturaleza. Me construyen el alma sucesivos presentes, desbordándose de vida la vida, compañera insondable la muerte.  Bricolaje atestado de sentidos. Las raíces urden redes distantes tejiendo un presente ancestral: La memoria de nuestra piel.

Tirángulo de bermudas y vórtex, parque nacional y ovnis

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 Aunque todos los caminos grandes, transitados, o sea que, carreteras, han estado asfaltados, he transitado senderos de tierra, ¿Por qué? Para llegar a ojos de agua, cascadas, lagos. Vaya que ha sido difícil pedalear con la bicicleta así de pesada por caminos de tierra floja, suelta como harina (nunca vi tierra así), pero todo valió la pena. Todo sigue valiendo la pena. Aún cuando me esfuerzo por ver las bellezas mágicas del trayecto, hay algunas que se me vienen encima de la nada durante el camino. Parejas de parabas sobrevolando en el cielo, chacras con plataneras, cajús, árboles de mango, ¡Con miles de mangos colgando entre sus ramas! Ríos repentinos correntosos, que escurren sempiternos, tranquilos, en medio de los árboles y plantas regadas por el cerrado. Cerrado es como se llama el ecosistema que me viene acompañando desde Cuiabá e, incluso, un poco antes: desde el pantanal boliviano ya veía esta vegetación. Allá le llaman "bosque seco chiquitano", porque es el bosque d...