Noviembre, danza pa siempre
Mi llegada al territorio fue efusiva: llena de emoción al ver por fin la Bahia, ansiedad porque las audiciones estaban ya realmente cerca y una sed descomunal por bailar, bailar, bailar.
Ese mes y medio de gracia que tuve antes del proceso selectivo para entrar en la FUNCEB fue un remolino de terminar de escribir el libro -mi trabajo oficial-, buscar casa para vivir, sortear espacios incómodos, situaciones liminales, intenciones de estafa, todo eso atravesado por una sobredosis de cultura directo a la vena.
Llegué un domingo por la noche. El lunes ya estaba asistiendo como estudiante regular a los cursos libres de la FUNCEB. Me inscribí en: dancehall, afrobeat, danza afrocontemporánea, danza contemporánea y método griot. Nunca había tomado clases de afrobeat ¡Me encantó!
También fui a ver obras de danza y de teatro, vi batallas de hip hop, fui a sesiones de Jam -improvisación- y así y así...
Con la Vale fuimos compañeras de danza en la Universidad de Chile. Nos hicimos amigas el primer día de las audiciones, porque yo venía llegando de Concepción -de donde es mi familia materna- y ella, oriunda de Chiguayante, conectamos muy rápido, porque las raíces tiran. Esa amistad, a lo largo de los años, se mantuvo resistente como el musgo del bosque, sosteniendo nuestros ecosistemas que transitaban entre la danza, la falta de ella y la vida misma.
Un mes después de mi aterrizaje en bicicleta, vi por la ventana a la Vale llegando en mototaxi con chaqueta, pañuelos enroscados en el cuello y un cojín de viaje acrecentando la parafernalia. La risa fue instantánea. Ese mismo día fuimos a clases con el Balé Folclórico da Bahia. Como todo el mundo, la Vale también experimentó el amor a primera vista: la mezcla entre la música, el estilo del profesor, el grupo y los movimientos coreográficas hacían de esa una clase encantadoramente irresistible.
Poco después fueron las presentaciones de finalización de los cursos libres en la Concha Acústica. La profesora de danza contemporánea, Luiza, me invitó a participar de la presentación de su grupo y el profesor de danza afrocontemporánea, Dudé, también.
Fueron lindos momentos de compartir la finalización de procesos de la mano de personas con y sin experiencia previa en danza; ver y sentir su nerviosismo antes de salir a escena; la expectativa general del grupo por hacer una buena presentación; la emoción tanto del profesor como de los compañeros y compañeras por el camino avanzado.
Me siento afortunada por haber tenido la posibilidad generosa de compartir esos cierres de proceso.
Fui a una clase con Elisio Pitta, director del Balé do Recôncavo. Esa clase fue una epifanía corporal profunda. Todo era danza: desde el movimiento más cotidiano del calentamiento al más sutil de las frases y diagonales.
Descubrí que dos compañeras de la clase iban a dar también las audiciones para entrar a la escuela de danza de la FUNCEB. Me pidieron sacarnos una selfie. Me pareció muy tierno...
Cerrando ciclos, el grupo de las clases en el Balé folclórico da Bahia propuso hacer una convivencia y jugar al amigue secretx. Me tocó Marcus. Le toqué a Joao. Me regaló unos aritos de mostacillas; yo regalé un letrero hermoso del secreto y el milagro de la felicidad y una vela de café con mensaje sorpresa.
Las audiciones empezaron el lunes a las 14:00 y terminaron el viernes a las 16:00. Mi primera prueba fue ballet. Aunque venía saliendo de un resfrío, mi emoción se expresa visiblemente en la siguiente foto:
Cara de primer día. La prueba de técnica académica, contra todo pronóstico, me hizo sentir muy bien. Aunque no puedo hacer una autoevaluación muy objetiva, principalmente porque sé lo básico de lo básico del ballet, considero que di una muy buena prueba. Al menos, me sentí muy segura y en el flow del académico (algo que nadie (yo) esperaba que pasara). Paréntesis dentro de paréntesis fue la semana.
Así el primer día.
Así el último:
Las pruebas fueron las siguientes y las siguientes fueron mis experiencias en cada cual:
Lunes
BALLET Y CAPOEIRA
Para la prueba de ballet, tuve todo el tiempo en mi cabeza el siguiente mantra "moneda en el poto, activa rotación, moneda en el poto, activa rotación, moneda...". Esa meditación wachaca viene de algún profesor que, durante una pasada por técnica académica nos dijo: piensen que están agarrando una moneda con los cachetes del poto. Si los sueltan, la moneda se cae. La moneda no se puede caer!! Fue mi loop ese día. Ese tip se vincula con el otro, que es el de la rotación de caderas. Fueron mis dos principales preocupaciones. El resto: mi mente, el tren superior de mi cuerpo, mi rostro, sólo se enfocaron en disfrutar lo disfrutable del ballet que, para mi grata sorpresa, hubo mucho de eso en la clase.
En fin, no sólo pasé ballet digna; ¡La clase me encantó! Sobre todo, la segunda parte, de dislocamientos espaciales con giros y chassé.
Capoeira, velho, siempre he sabido lo básico. No desde que nací, pero desde hace tanto tiempo que ni me acuerdo cuándo fue la primera vez que participé de un entrenamiento de capoeira. Siempre he buscado reencantarme por esa disciplina que encuentro hermosa pero que, por alguna razón, nunca ha logrado captar mi atención e interés del todo.
Sigo intentando...
Sin pena ni gloria, hice la clase bien. Seguí los movimientos simples; los complejos conseguí sacarlos con cierta dificultad. Ginguei na boa y hasta esquivé a una compañera que iba directo a colisionar conmigo saliendo en rueda hacia atrás, cayendo en la ginga y volviendo en el mismo flujo a mi lugar inicial. Creo que me dieron hartos puntos por eso, aunque intuyo que me dieron muy pocos por mi improvisación precaria de capoeira.
Martes
DANZA AFRO Y DANZA CONTEMPORÁNEA
Este fue el día satánico. Por diversas razones que no vale mucho la pena recordar, mi estado físico ese día era deplorable. Para empeorarlo, mi primera prueba fue de afro.
Desde que vi el orden de las clases en la publicación del edital, me dije: "ese es mi día". Son, efectivamente, mis disciplinas predilectas las danzas de matriz africana y la danza contemporánea. Igual que en ballet: contra todo pronóstico, fue diametralmente opuesto a lo que había proyectado. No fueron mis mejores rendimientos.
Mi malestar físico en afro, súper exigente, me provocó una descompensación brutal que casi me hace caer en un ejercicio. Aunque no llegué a desmayarme, perdí el eje. Me sentía débil, tenía escalofríos y sentía hormigueo en todo el cuerpo.
No di lo mejor de mí, pero bailando hace 10 años ya danzas de raíz africana, era bien difícil hacerlo mal. Así que mal no me fue; no lo hice perfecto, como esperaba, pero superar las aspiraciones de perfeccionismo es algo que ese día, y esa situación, me ayudó mucho a trabajar. Aunque fui procesando y macerando lo que pasó con el correr de los días. Ese es el aprendizaje.
Entre clase y clase, y viendo que estaba al borde del desmayo, me comí un postrecito rico que había comprado el domingo en la feria vegana de la ciudad. Así que para danza contemporánea, el malestar me agarró en forma de náuseas.
No, ese día, realmente, fue difícil. Sobre todo por mis propias expectativas y nivel de auto-exigencia. En fin, mucho que aprender.
Igual que con afro, la danza contemporánea es un lenguaje que he estudiado y entrenado tanto, que tengo tan incorporado dentro de mí, que es realmente imposible que haya dado una mala prueba. Solamente -y otra vez la moraleja-, no fue una prueba perfecta.
Miércoles
DANZAS POPULARES Y DANZA MODERNA
La prueba de danzas populares fue de frevo...increíble. Aunque ya venía sintiendo hace unos días que iban a escoger el frevo, cada vez con más fuerza, cuando esa intuición se materializó al ver a las profesoras y ayudantes disfrazadas de carnaval, con brillos en la cara y ropas de colores; entrar a la sala y ver montada una banda de música con vientos, voz y batería, una cascada de memorias se activó de un segundo a otro y fui embargada por la emoción al punto de casi llorar de felicidad durante todo lo que duró la clase.
De mi primer viaje largo por Brasil, de encontrarme por vez primera con el frevo, del proceso de la tesis de maestrado y mi sensación de estar en una deuda existencial con el pueblo pernambucano porque no sé de qué manera retribuir tanta abundancia, tanta generosidad y tanto regalo, que di lo mejor de mí queriendo honrar radicalmente esa cultura, bailando su danza por antonomasia con tanta energía como el mismo frevo exige en su efervescencia carnavalesca. La danza entró en ebullición con Voltei Recife interpretada en vivo con la maravillosa banda que incluía a la misma profesora -¡en clarinete!- que estaba guiando la clase.
Si eso no es un gran privilegio, o es un milagro inefable o algo así. En fin, estaba tan pero tan feliz, que diría que fue de mis mejores pruebas.
De danza moderna no diré nada, porque todavía no entiendo esa clase...hice, sí, todo lo que me pidieron y, hasta donde creo, de la forma en que lo pidieron.
Jueves
HABILIDADES CREATIVAS Y JAZZ FUNK
Pero estas, lo puedo decir con pleno conocimiento de causa, fueron indiscutiblemente mis mejores pruebas.
Vania Pascualetti fue la clave para encarar la primera y la libertad que nos dieron en la segunda, fue lo que me sacó del precipicio para posarme delicadamente en lo alto de la cordillera como una mami de las danzas urbanas.
Aunque jazz y funk suena demasiado bien, esta danza no era nada de eso. Era una mezcla entre esos estilos lady princesa diva y reggaetón. Nada localizado más lejos de mi identidad. Así y todo, tomé la decisión de entregarme a la danza en tanto danza, no juzgar e intentar entrar en el personaje.
Y los portales que se abrieron fueron muchos y abundantes. En la improvisación procuré ser guiada, movida y, en fin, trasladada al mágico trance y ritual de la danza a través del beat que sonaba detrás de esa melodía tecno de pasarela de modelaje. No sé todavía si bailé hip hop, afro o danza contemporánea y dudo que alguna vez lo descifre; sólo sé que medio que me despersonalicé y, como la magia misma del movimiento como condición necesaria de la vida y el universo, todo lo que hice estuvo orgánicamente propuesto y estrechamente acoplado al ritmo. Hubo unas improvisaciones potentes que fue un placer enorme sentir con cada fibra de mi cuerpo, hubo acrobacias y deslocamiento (acabo de descubrir que esa palabra existe sólo en portugués). Mucha identidad, personalidad y presencia escénica que vinieron a rescatarme en el momento indicado (no las vi venir).
Para la prueba de habilidades creativas llevé dos entradas al suelo que saqué en la mañana con la intención de mostrar mi nivel técnico en danza contemporánea. La clase era justamente de eso: danza contemporánea desde la lectura -corporal- de los flujos, pausas y el movimiento continuo.
Punto de inicio del movimiento: plexo solar, mirada, mano, entrada al suelo, salto por suelo, resorte y otra entrada. Jugué entre esos momentos, tejiendo una narrativa a través de flujos continuos e integrando los elementos que, había observado durante las audiciones o la clase misma, veía en falta. Por ejemplo: saltos, uso de la mirada como motor de movimiento, además de las entradas y pasadas por el suelo.
No podría haberme sentido más en mi hábitat. Ese día, después de una clase de pagode en la plaza, ya en casa, la llama llamó a la planta y la planta hizo emerger en mí lo que mucho tiempo estuvo quiescente como la misma crisálida. Esa noche bailé en el movimiento que me habían mostrado sin explicarme absolutamente nada. En la escuela evidenciaron lo que mi cuerpo -mas no mi mente- sabía incluso antes de esta vida y de este cuerpo: el impulso primigenio de la danza por la danza; el movimiento inexorable.
Viernes
EVALUACIÓN ESCRITA
Últimamente soy muy fan de la IA. No porque me de fiaca pensar o escribir por mí misma. La verdad, la uso como una interlocutora a la que miro de la siguiente manera: ha leído mucho, pero reflexiona poco.
Una semana y media antes de esta prueba, ya le había pedido a mi asistente y confidente que redactara una carta en portugués según directrices específicas que yo le detallaba y pidiéndole desarrollar más ampliamente un aspecto que no tenía muy claro hasta ese momento. Su ayuda entonces me sirvió mucho y solamente días después, releyendo y revisando la carta propuesta, me di cuenta de que faltaban algunos ámbitos muy importantes y que otros, en cambio, estaban de más.
Reescribí la carta a mano unas horas antes de la prueba y saliendo de las clases de danzas populares con Syndel (bailarina de la FUNCEB). La reescritura consistió en esquematizar, por párrafos, las ideas fuerza de cada cual. En ese ejercicio integré las primeras modificaciones.
Al entrar a la prueba, nos daban dos hojas: una para usar de borrador y otra para escribir la carta definitiva. Redactando el borrador, en el proceso de síntesis de mi carta original, ocurrió la segunda modificación a ese escrito inicial.
La última gigantesca modificación fue en la página oficial, escribiendo el texto final. Fue entonces que me di cuenta de que el nivel reflexivo era demasiado superficial y que, hasta ese punto, sólo me había remitido a relatar mi trayectoria en relación a la danza. Entendí que lo más importante es lo primero que debe ser dicho y, para mí, esto se resume en lo siguiente: para tener una danza honesta, una vida honesta -y ello, extrapolado a todas nuestras formas de expresión y socialización-, es necesario valorizar y reivindicar los saberes ancestrales. Los saberes de nuestra tierra, de nuestras comunidades, nuestros barrios, de los viejos y viejas de nuestras familias. Y de ahí pa'delante. Seguí y no paré. Fue casi una improvisación como esa del último día de las pruebas prácticas, pero esta vez en mi otro lugar predilecto: la escritura, rebelde y poética. Así, hablé de otras epistemologías del cuerpo, posibilidad que abre y sostiene esta escuela de danza; puse en valor explícitamente la fuerza de esta tierra bahiana, pero también sus contradicciones y su resistencia. Transité por una narrativa que urdía aspectos vitales importantes de mi biografía como bailarina y, sobre todo, que declaraba mis principios y valores.
Ese día salimos de la escuela eufóricas con la Vale. Comentando el proceso, los pormenores y pormayores, tarareando la canción del frevo, primero, después cantando la canción del coco de Arco Verde que nos enseñó Syndel en sus clases, bailando samba...cansadas hasta la médula, pero no era la médula la que bailaba ni la que cantaba. El baile y el canto venían de un lugar mucho más profundo, mucho más visceral, radicalmente honesto, imperativamente irrenunciable.












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