Chapada dos Veadeiros

¡¡Nos volvimos a encontrar con mi amigo carioca!! El Isra. El día que nos encontramos, partimos a explorar la Chapada.


Ese primer día hicimos el sendero rojo, "a trilha vermelha", que era de unos cañones lindos, con cascadas todos, con calor mucho, con emoción palpitante, piernas vibrantes en el agua, potencia de las caídas reverberantes, espejismos en las rocas.


Al día siguiente, hicimos una caminata más gratis: fuimos con Iori y Lilith al río. Llegamos a un pozón en medio del bosque. Todo era medio privado, medio a mano y sin permiso.


Iori y Lilith fueron nuestrxs máximxs amigues durante esos días en el pueblo. Gente muy real, muy sincera, muy lúcida de verdades necesarias.
Poco antes de partir de vuelta -después de unos miles de días en el poblado-, Lilith me leyó las cartas. La rueda de la fortuna, el diablo y la muerte. Eso salió. Su lectura acompañó mi tránsito por este proceso de crisálida, de transmutación en lo más profundo de mis entrañas. Nos abrazamos fuerte al despedirnos y quedamos de vernos en Bahía.


La segunda visita al parque fue con ganas: llevé mi carpa y comida para unos 3 días. Así que 3 días me quedé.

Mi amigo llegó un poco después. Se arrimó abajo de la sombra del árbol donde yo estaba secándome mientras comía algo, y conversamos largo rato. Acampamos fuera de la zona de camping, que se veía dura, y armamos las carpas en una especie de playa resguardada del cerrado.

Ese día, de manera muy espontánea, hicimos yoga, elongamos, sobre todo, compartimos la palabra. Hablamos un montón recostadxs de espalda en la arena, cada quien usando su propia carpa como almohada.


No debo ser muy buena para las fotos, porque no saqué ninguna en el sendero amarillo, el de Los Saltos. Increíblemente maravilloso. Caídas de agua que parecían explotar entre las piedras. Otras, tenues fisuras colmadas de un fuir imperecedero. Es en esas laderas pedregosas todo excesivamente real y necesario.

Los 26 km que caminamos ese día no nos quitaron el ánimo de hacer otros 26 al día siguiente para conocer las 7 caídas de agua: escaleras sucesivas de pura belleza líquida.
Esas noches soñé mucho. Desperté con los sueños dialogándome por la mañana, con mi curiosidad de madrugada fregándome los ojos para intentar enfocar las estrellas esparcidas por millones sobre mi cabeza.
Eran días de luna llena; la luna parecía un foco indeciso que lo iluminaba todo mientras oscurecía los amados fuegos etéreos a años luz de nuestras retinas. 
Pero a las 4:30, ¡Ay! El cielo era poesía.


Los días que pasé sumergida en la Chapada estuvieron colmados de misterio, de reflexiones, de fantasías. Soñé despierta muchas veces y, muchas más, el bosque me ofreció tierra, arbusto, raíz, para darle asidero a la volatilidad de mis andares.
El amor, las amistades, el juicio, los miedos, las situaciones incómodas, las inseguridades: todas se me presentaban como dimensiones de mí, dimensiones que me enseñan un aspecto de lo que soy y que es importante trabajar.

Descendí las laderas de viento y atardecer con la mirada atenta: los paisajes se fundían en las geometrías internas de sus formas, el verdor del bosque se entrelazaba en un ondeo fluctuante, casi psicodélico.

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