Boquila trifoliata
En los bosques templados de los pies del mundo, una enredadera juega a ser camaleón mimetizando sus colores y formas. La enredadera se pierde en el mar verde selvático austral; los científicos tratan de entenderla; periodistas escriben las hipótesis de los científicos; yo leo el artículo colgando de dos pilares; en ngulumapu, una exposición de cestos tejidos con la fibra de la enredadera.
¿Soy tal vez un poco enredadera? ¿Me enredo y me pierdo, jugando a ser camaleón en este universo de sucesos sin tiempo? ¿O es, quizás, el mundo que se me acopla en el movimiento sincopado de mis pies al viento?
Eterno vaivén de incertidumbres y posibilidades infinitas. Casi me atrapan nuevamente los encantos del ecosistema en el que me inmiscuyo, en procesos ascendentes de adaptación frenética, fugaz, confusa.
Eran pasado las 17:00 cuando dejó de sonar la guitarra. Daniel y Enrique: el blues, el rock y la ciranda, todo dio paso al silencio para que el silencio diera paso a nuestra partida. Y, con ella, la luna llena.
Pletórica y eclipsada, todo a la vez, todo al mismo tiempo, escurrí mis emociones removidas con las ruedas derretidas peinando el oscurecido asfalto de esos cerros de un marrón claro.
Mimetismo polimórfico del reino emocional: recibo, observo y respiro. Nada puedo hacer con lo que excede mis anhelos y decisiones. Fuera de mí, la incertidumbre; dentro, habré de encontrar la calma.
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