La miel que deja el sol en tu ventana


Los días en Samaipata esa fue la vista desde la carpa. 
Días muy lindos, muy tiernos, con mucho sol, mucha lluvia. De senderos, caminos transitados y otros escondidos, de lentejas con yuca, de pancitos de masa madre y mantequilla con orégano y qué sé yo.

La mezcolanza de territorios que convergen aquí es una vorágine de lenguas y matices. Y no es extraño, pienso, a la historia del lugar. 

Está aquí el sistema hidráulico tallado en piedra más grande del mundo. En él, se encontraban antiguamente los pueblos del altiplano, de la amazonía y del Chaco. 

Siempre fue este un lugar de encuentro, de tránsito migratorio. 

Hoy se escucha francés, castellano, italiano, alemán, y un casual afafán en la zona de eco del "fuerte de Samaipata". Después del marichiwew de rigor, amulepe taiñ weichan, pa qué po, pa qué parar.

Hubo elucidaciones, epifanías, sutiles entendimientos del curso que debe tomar mi camino. 
Calorcito pal alma.

También compartí con Ariel, una amiga boliviana con la que recordamos lindas prácticas de infancia: ella, que luego de comer con su familia, sacaban todos los platos, ponían un awayo y, sobre él, hojas de coca; yo, que mi bisabuela nos daba mate con leche y azúcar. Su abuela también le ponía azúcar a las hojitas para quitarles el amargo. 

Suena una música a lo lejos. Cerca, la lluvia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Salvador

San Matías, a 8 km de Brasil!

Noviembre, danza pa siempre

Voltei carnaval

Estrada de chão

Chapada dos Veadeiros

Tirángulo de bermudas y vórtex, parque nacional y ovnis

Boquila trifoliata

Até

Fora temer!