Sistas
La Anto
La Anto fue a despedirme, la Anto fue a buscarme; la Anto me abraza y llora; la Anto se ríe de mis chistes fomes; la Anto nos cocina cosas ricas. A veces se embola pensando y pensando, escribe cartas y las va a dejar de infraganti, de capucha, de presidenta de una junta vecinal que nunca se conformó y de la cual creo que algún cargo tengo.
Cuando me fui de Santiago, la Anto todavía era chica. Tenía unos 16 o 17 años. Seguía en el colegio y no salía mucho. Ahora tiene 23 y ya salió de la U. Fue mi compañera en la marcha del último 8M.
La Anto ya está grande pero, en mi memoria -que se imbrica con el presente revolviéndose, en todo caso, y todo el tiempo, también con el pasado-, es siempre mi hermana chica muy chica.
La Anto
es
LA CUMBIA
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