Chochís - Aguas Calientes

Hoy fue lindo pedalear. Albergué emociones tiernas, bonitas, efusivas. También tomé un camino alternativo modo 'aventura en la jungla', y mi bici se cayó al río: compu, caja fuerte (libro de eukinética) y todo. Me bañó un chiquillo que se llamaba Lot.

Ese río todavía lo pasamos bien, dignamente. El río donde se cayó Lot, la bici, el compu, plata y libro, no fue fotografiado, porque la situación ameritaba estar milporciento en el presente: si no ayudaba a Lot, salvaba a la alforja sumergida bajo el agua.


Paré 3 veces por líquidos. La primera, conseguí que la vendedora de pomelo (aquí: toronja) me exprimiera un poco de jugo; la segunda, pregunté por jugo hecho en balde, pero la señora solamente vendía jugos de fabrica...me ofreció compartirme flor de Jamaica, que ella se hacía, que ella tomaba, y al que daba uso medicinal. Estaba de un frío tenue, sin azúcar. Fue lo más rico que tomé. La tercera, una mujer mayor muy amable, de fisionomía europea, me dio agua que sacó de un balde.


Anduve muy feliz por la carretera. Cumplí la misión de llegar viernes, y en Roboré me tomé un açaí con jugo de cupuaçu y empanadas.

Ya en destino, estuve trabajando en las últimas correcciones del libro de don Jorge Quelca sobre la sabiduría potente que germina desde cada semilla en el bofedal (hoy hablamos con Mika sobre la conexión increíble entre las lluvias de la amazonía y el altiplano, la bajada del río en Azapa y el agua del mar donde, finalmente, todo trayecto acuoso desemboca).

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