Musuruqui

Despertar entre campos al alba con la luz azul del sol asomándose a saludar los árboles todavía húmedos por el rocío de la mañana. Cuánta magia en un momento: el momento del día naciendo. Y yo sabiéndome lejos de la ruta, lejos de Roboré, adonde habíamos quedado de encontrarnos en 4 días con Juan. 

Armé rápido mis cosas, y partí a la carretera con la intención de avanzar tantos kilómetros como me fuera posible hacerlo.


Paraba a hidratarme cada tanto, a ver el paisaje, a comer un puñado de almendras, dátiles y semillas de calabaza.

Ese día anduve casi sin parar, porque una aplicación daba el dato de un buen sitio para acampar a 100 km de donde estaba. Le creí. Llegué. Nada. 

Como el sol amenazaba con dejarme otra vez y yo, una vez más, carretera oscilante en rueda, me dispuse a encontrar lo más pronto posible un lugar para la acampada. 
Después de unos 4 km vi un letrero: "Musuruqui", decía. Entré.

Aunque parecía un pueblo deshabitado de unas 6 a 7 casas vacías, la coincidencia me regaló una ocasión cruzándome en el camino, justo de frente, una camioneta. 
Le hice señas al conductor, que había bajado considerablemente la velocidad al entrar al pueblo. 

Le pregunté si sabía de algún lugar por ahí donde pudiera armar mi carpa. Después de un intercambio de palabras con tintes de desconfianza, acordamos que yo haría mi campamento en el pasillo exterior de su casa. 

No solamente me ofreció un plato de comida a una hora de habernos conocido; al día siguiente cortó una papaya, hirvió papas y me pasó unos 7 huevos de campo para que los cocinara con todo el esmero que supimos imaginar dentro de nuestras posibilidades: ajo, cebolla, una lata de choclo; todo era bienvenido al festín mañanero.

Ibar era un hombre de campo. Porque exhudaba campo por cada poro de su cuerpo: la inocencia de sus palabras; la huerta de acerolas, papayas, guayabas, cocos, y tantas otras frutas que no llegué a ver; su miedo genuino por el camino a la frontera y su preocupación porque tuviera un buen viaje. 

Nos despedimos temprano; todavía quedaban 260 km a mi destino, y pensaba llegar temprano a San José para tener tiempo de pasear y conocer el pueblo antes de seguir la ruta.

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