Aguas calientes - Candelaria

Por fin, después de lo que parecieron 3 siglos -pero que, en realidad, fue 1 mes-, dejé la Chiquitanía para partir rumbo a la frontera, 200 km al este.

Me bañé por última vez en el río de venas volcánicas con una nube de vapor emanando de sus aguas todavía en madrugada. Organicé mis cosas en la bicicleta y salimos a desayunar con el Mikael, alto compañero de aventuras.


Y el camino me despidió así: teñido de un efímero rosado que hace amainar el verde sempiterno solo por unas cuantas semanas al año.


Mika es un norteño, pero del norte más boreal imaginable. Al menos, para mí. Es un pez de agua congelada, adicto a una miel que brota de los árboles (fue chistoso el día que me enteré que viajaba con una lata de maple de 500 cc), amigo de los lobos que arrastran trineos en la nieve.

Casi un mes duró nuestra compañía; faltaron 2 días para completar el mes gregoriano, welu kiñe küyen, ese sí que fue completito.

Y anduve unos 40 km antes de ver una casa al costado de la ruta con banderines de algún producto comercial. Ahí vivía la señora Sista. No vendía comida; sólo "gaseosa", me dijo. Pero me ofreció agua y, después, me regaló unas mandarinas. Me quedé un rato en su casa, porque me dijo que si pedaleaba a esa hora, que estaba tan fuerte el sol, me iba a doler la cabeza. 

A eso de las 15:00 me fui de su casa. Anduve unos 20 km más y llegué a La Candelaria. Dormí en el coliseo del pueblo. Así lo llamaba la gente; era una cancha de fútbol con graderías a los costados. Ese día, noche, con mi carpa al lado del arco.
Al día siguiente bajé a matear al río.


En ese puente viejo pensé y pensé, y me di la energía para volver al coliseo a ordenar mis cosas y pedalear otros 60 u 80 o anda a saber tú cuántos kilómetros más podía sostener mi motivación mañanera.


Ya de ida a mi casa nocturna desde el río, pasé por la antigua estación de La Candelaria. Todo abandonado después de unos años del fallecimiento del tren de pasajerxs. 

Teníamos, por esos días, tiempo sur en la región, así que todo el trayecto posterior lo hice acompañada por las nubes y un viento refrescante.


Un clima amable para transitar esa carretera llena de pendientes en ascenso.

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