Aguas calientes - Santiago de Chiquitos
Me hablaron mucho de Santiago de Chiquitos mientras estuve en la Chiquitanía. Sin pensarlo mucho, y medio que activando más desde el subconsciente que desde un lugar muy racional dentro de mí, decidí virar el rumbo en 180° y en subida. Una locura que entendí como tal cuando iba, apenas, pedaleando la pendiente.
Aunque, al principio, estaba todo relativamente bien.
El trayecto fue un popurrí de trance, potencia, fuerza, debilidad.
Pasaba zigzagueando la montaña y, en cada vuelta a la derecha, aprovechaba de mirar la infinidad de las plantas abajo, abriéndose como un manto: el pantanal desplegado en la cintura del cielo.
En el camino tuve 3 preciosas interacciones: paró un camión a ofrecerme ayuda, si me llevaban, me dijeron. Yo les pedí agua, si no fuera mucha la molestia. Después pasó un auto de vuelta -que ya había visto subiendo- y se acercaron a ofrecerme alojamiento. Yo también soy ciclista, me dijo el copiloto. Me preguntó si estaba bien y yo le respondí que sí, que había parado a comer un poco de maní.
Ahí saqué la foto a la primera bajada después de unos 13 kilómetros en ascenso.
Bien al final, casi llegando al pueblo, conocí a Chichi y Alfonso, hermano mayor y menor que habían salido a dar un paseo en bici. Llegamos al pueblo como una pandilla pelusona ciclista.
Con Chichi nos hicimos yuntas; Alfonso es vecino y, hace unos días, nos topamos cuando él entraba a su casa. Intercambiamos algunas palabras.
"La escuelita" se llama mi nueva, momentánea, casa. De la misma forma que Santiago de Chiquitos, apareció en mi camino casi por pura casualidad.
Igual como Santiago y como La escuelita -y hasta como yo misma, será...-, los tucanes y las ardillas, guacamayos y otros lindos pájaros de colores se ven desde esa gigante ventana sin ventana. De suerte o casualidad; de antojo de la papaya que van a picar las aves, de movediza búsqueda de comida de ardillas.
Igual como Santiago y como La escuelita -y hasta como yo misma, será...-, los tucanes y las ardillas, guacamayos y otros lindos pájaros de colores se ven desde esa gigante ventana sin ventana. De suerte o casualidad; de antojo de la papaya que van a picar las aves, de movediza búsqueda de comida de ardillas.
Fue pesado el camino, pero cada segundo aquí lo vale.
Santiago, mi nuevo amor 💚🌿
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