Hasta pronto (pewkallal)
Después de 2 semanas en la exuberante felicidad que nos proporcionó esa tierra -y agua-, decidimos seguir nuestro camino.
Porque la decisión era muy difícil; tardé un día de más en dejar el camping. El administrador me la perdonó; el señor del taller de bicicletas no me cobró, igual que no nos cobró el chofer del bus que nos trajo desde Roboré por esos días que andábamos haciendo dedo. Ocasiones han habido varias. Y con Mika nos ayudamos: usamos los 200 pesos bolivianos que nos quedan para comprarnos, compartirnos y regalarnos comida siempre que podemos.¡Abundancia, abundancia!
El día que me tenía que ir pero no me fui, salimos a pasear en un kayak que don Carlos, el administrador del camping, nos prestó sin que le dijéramos nada. Vayan a conocer el río; vayan hasta el puente y, después, pal otro lado, nos dijo.
Obedientes -casi-, recorrimos el río completo.
Vimos una bandada de loros verdes volar hacia un árbol y quedarse ahí cual extensiones de las hojas onduladas a contraluz de un atardecer hermoso.
Cada ave que desfiló sobre nuestras cabezas pasó en un vuelo majestuoso que nunca llegamos a descifrar, pero que siempre admirábamos en una contemplación sagrada.
Como siempre, jugamos, hicimos chistes, dramatizaciones, reímos y escapamos de los mosquitos.
Remamos con elegancia y nos creímos piratas.
Fueron días de toronjas gigantes y aprendizaje intensos. Nos acompañamos en los procesos, procurando ser familia para quien de la suya se anda tan lejos.
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